NUEVO Canal de Youtube Blogspot dedicado a Soledad Villamil

09 marzo 2010

Morir de Amor - Entrevistas y Presentaciones

María Graña y Soledad Villamil en los conciertos del verano del bicentenario

El próximo sábado 13 de marzo, en el marco de los conciertos del Verano del Bicentenario organizados por el Ministerio de Innovación y Cultura, María Graña y Soledad Villamil brindarán sendos recitales en las ciudades de Rafaela y Venado Tuerto, respectivamente.

La actriz de “El secreto de sus ojos” llegará a la Plaza 25 de Mayo de Rafaela donde, a partir de las 21, presentará su segundo disco solista “Morir de amor”, en el cual con el amor como eje temático, Soledad Villamil presta su sensibilidad y calidad interpretativa a canciones que nos van contando cómo se vive, se padece y se “muere” de amor.

Continuando la línea que ya desarrollara en “Canta” su primer disco solista ganador del premio Carlos Gardel 2008, vuelve a recorrer un repertorio de tangos, valses, milongas, y otros ritmos que en sus versiones recobran fuerza y toman nueva forma.

Entre los autores y compositores se encuentran Luis César Amadori, Charlo, Idea Vilariño, Alfredo Zitarroza, Azucena Maizani, Homero Manzi, Francisco Canaro y Miguel Caló, más algunas composiciones propias.

Los arreglos musicales pertenecen a Jose Teixidó (también arreglador y director musical de Canta) y su música potencia las versiones e invita a vivenciar las emociones contenidas en cada canción

Fecha de publicacion: 8 de marzo de 2010
Fuente: http://www.lt10digital.com.ar


Ganadora del Oscar llega a Rafaela
La premiada Soledad Villamil llega hoy a esta ciudad para presentar su último disco "Morir de amor". La reconocida actriz y cantante es la protagonista del film argentino que fue elegido como mejor película extranjera por la Academia de Hollywood. También participará del recital la Orquesta Municipal de Tango.
El Ministerio de Innovación y Cultura continúa este fin de semana con la realización de Los Conciertos del Verano del Bicentenario, con Soledad Villamil en la ciudad de Rafaela.
La actriz de "El secreto de sus ojos", film que ganara recientemente el Oscar a la mejor película de habla extranjera, llegará a la plaza 25 de Mayo de Rafaela donde, a partir de las 21:30, presentará su segundo disco solista "Morir de amor".

En este trabajo, con el amor como eje temático, Soledad Villamil presta su sensibilidad y calidad interpretativa a canciones que nos van contando cómo se vive, se padece y se "muere" de amor.

Continuando la línea que ya desarrollara en "Canta" su primer disco solista ganador del premio Carlos Gardel 2008, vuelve a recorrer un repertorio de tangos, valses, milongas, y otros ritmos que en sus versiones recobran fuerza y toman nueva forma.

En la oportunidad subirá también al escenario la Orquesta Tango de Rafaela.

Fecha de publicacion: 13 de marzo de 2010
Fuente: http://castellanos.com.ar


Tras el éxito de 'El secreto de tus ojos', Soledad Villamil cantará en gira por España
En la primera quincena de julio y en la segunda de septiembre, la cantante y laureada actriz protagonista de 'El secreto de tus ojos', Soledad Villamil realizará algunas presentaciones en España.

El segundo disco de Soledad Villamil, 'Morir de amor' (Stres Music, 2010) incluye canciones como la de Alfredo Zitarrosa que da título al cedé y otras de la propia cantante (destaca la pegadiza y optimista ‘Santa Rita’) o de autores diversos.

La contratación está abierta por su oficina de management en España, Vip Music, que está dirigida por Josep Sanz, segun informa Noticias Clave.

Fecha de publicacion: 9 de marzo de 2010
Fuente: http://www.acam.es


SOLEDAD VILLAMIL: los ojos
Nadie podrá negar que este espacio viaja por, casi siempre, caminos alternativos. Así que esta vez, sólo esta vez, nos permitiremos un sano e incorrecto oportunismo. Graziano entrevistó a Soledad Villamil cuando El secreto de sus ojos recién comenzaba su periplo. Y la revista Rumbos decidió mandarla a su tapa.

LOS OJOS
La actriz y cantante atraviesa un momento de cosecha y plenitud. No sólo protagoniza 'El secreto de sus ojos' , sino que tambien acaba editar 'Morir de amor', su segundo disco que la confirma como una voz perdurable.

Por Martín E. Graziano

Sin gestos ampulosos y casi en silencio, Soledad Villamil llega caminando. Del mismo modo fue modelando su figura de artista: con paciencia de artesana. Desde que debutó en 1992 hasta aquí, transitó su camino a paso firme. Sin prisa pero también sin pausa. En el comienzo fue en el teatro, luego en cine y apenas quebró sus prejuicios, a la vista de todos en respetables programas de tv como Zona de riesgo, Vulnerables o Locas de amor. En 2006 y después de un largo proceso interno, decidió comenzar a subirse a los escenarios ya no para interpretar personajes, sino para ser Soledad Villamil cantando tangos y milongas. Ese camino la trajo aquí con una solidez ética irreprochable.
Por eso no extraña que este 2009 sea temporada de cosecha. Acaso, su año decisivo. No sólo porque editó su segundo disco, Morir de amor. Sino también y sobre todo, porque rubricó una actuación precisa y memorable en El secreto de sus ojos, la película de Juan José Campanella que protagonizó junto a Ricardo Darín y Guillermo Francella. Una película extraordinaria no sólo por ser una gran obra, sino porque accedió a un diálogo franco con el público. Dicho de otro modo, que una película alcance las cifras de recaudación que viene contando El secreto de sus ojos es atendible; pero se convierte definitivamente en un acontecimiento cultural cuando se trata de arte honesto, sin fisuras ni demagogia.

-¿Intuías el perfil tan alto de la película antes de terminar el rodaje?
-Sí. Ya desde el guión. Cuando lo leí tuve la sensación de que tenía que funcionar muy bien, porque tenía muchos condimentos para ser una película interesante, entretenida pero con contenido. Además confiaba mucho en Campanella como director; sabía que iba a llevarlo bien. La verdad es que si bien no imaginé esto que sucede, me di cuenta de que era una película importante. A su vez, una película con reflexiones muy profundas sobre la justicia. ¿Dónde se pone uno ante ciertos episodios? Y la película no juzga.

-¿Qué sensaciones genera la devolución fervorosa del público?
-Con esta película pude objetivar el sentido de lo que hago. Es como si de repente lo viera. Los actores –y en general, los que nos dedicamos a este tipo de actividades- estamos en una especie de planeta aparte. Un mundo paralelo bastante abstracto, siguiendo pistas muy al margen de la vida cotidiana de la sociedad. Entonces, que de repente se produzca esta conexión entre lo que uno hace y lo que el público recibe, se conmueve y nos agradece… ahí decís ‘acá hay un sentido’. Si se quiere, un sentido social, un sentido espiritual. Igual, en primera instancia, cualquier actividad artística uno la hace para sí mismo. Alguien podría pensar primero en el público, o en un destino determinado -como sucedía en los ’70, cuando se hacía teatro para intervenir en los procesos sociales-, pero primero es una pulsión muy interna. Sin embargo, cuando eso se conecta de una manera tan contundente con el espectador, es alucinante. Siento que me justifica. Es como reconocer mi lugar en la sociedad, el rol de los artistas. Porque la cultura y los artistas ocupan un rol, tan fundamental como vapuleado.

-Ya habías trabajado con Campanella y Darín en El mismo amor, la misma lluvia (1999). Ese terreno abonado, ¿facilitó el trabajo?
-Toda esa experiencia fue muy positiva para el comienzo de este proyecto. Ya manejamos mucha economía de explicaciones y palabras: nos sentamos, pasamos la escena, y enseguida sabemos de qué estamos hablando. Sabemos qué tipo de director es Campanella, por qué escribió eso, qué quiere y cómo se lo imagina. Él nos conoce a nosotros como actores y con Darín tenemos mucha afinidad. Todo eso fue un gran capital para empezar, porque además era una película difícil. Había que estar muy concentrado, trabajar cosas muy sutiles en el terreno de la actuación. Este guión es lo que todo actor está esperando: ponerse a prueba.

-La película habla del paso del tiempo, las elecciones y las fatalidades. ¿Te llevó a reflexionar sobre tu propio pasado?
-Sí. La verdad es que es un pensamiento que comparto incluso desde antes de haber leído este guión. Y creo que todo el cine de Juan tiene algo de eso: cómo una decisión que se toma en un determinado momento tiene un efecto que se amplifica con el paso de los años. Sin embargo, también está la situación paradójica de que cuando uno vive va tomando las decisiones, no puede estar pensando a cada paso que eso va a repercutir en su futuro. Porque tendría tanto peso esa decisión que te dejaría detenido en el mismo lugar.

-¿Qué decisiones del pasado te fueron convirtiendo en esta artista?
-Sobre todo, pienso en los trabajos que hice y en los que elegí no hacer. Muchas veces me comentan sobre cómo he cuidado mi carrera y qué perfil de actriz ‘seria’ tengo. Pero a los 20 años, cuando empecé a laburar, no me dije ‘quiero ser una actriz así, para que dentro de 20 años digan esto’. Más bien mis decisiones han sido intuitivas. Siempre traté de escucharme en relación a mi propia coherencia y ser fiel a eso, aún cuando obviamente me pudiera equivocar.

-A lo largo de estos años interpretaste a personajes muy distintos. ¿Cómo lográs relacionarte con aquellos que no tienen contacto con vos como persona y aún así ser verosímil?
-Ahí está ese borde de locura y esquizofrenia que tenemos los actores. De poder vivir situaciones que no nos pertenecen, o que no tienen nada en común con nosotros. De todas maneras, creo en aquella frase: ‘nada de lo humano me es ajeno’. Como seres humanos contenemos todas las posibilidades. Todos los matices, las emociones, los animales del zodíaco. Y los actores tenemos esa afición, ese gusto por ir a buscar en zonas nuestras de las que no das registro en la vida social. Por eso cuando ves a Anthony Hopkins haciendo de Hannibal Lecter decís ‘guau’. ¡Y no creo que sea un caníbal! Pero, ¿qué te alucina? Que el tipo encuentra eso en él y juega con ese material. Nosotros vamos a buscar todo lo que hay: lo lindo y lo feo.

LA CANTANTE
Con la edición del flamante Morir de amor, Villamil confirma la intención musical que venía trazando desde Canta (2007), su disco anterior. Un universo que, desde una mirada contemporánea, respira el espíritu anterior al tango-canción. Esa honda liviandad que destilaban las chamarritas, tangos y milongas en los días que Buenos Aires aún tendía un puente directo entre su puerto y el campo. El repertorio, amasado en sociedad con el guitarrista y arreglador Jose Teixidó, evoca tanto a Yupanqui como a Charlo y Azucena Maizani. Quizás para el público desprevenido, estos discos hayan deparado una sorpresa, pero Villamil ya tenía su propio bagaje musical. Uno afectivo y familiar, que derivaba de los discos de Zitarrosa que sonaban en casa de sus padres durante los ‘70. Otro profesional, que comenzó con Recuerdos son recuerdos y Glorias porteñas, dos espectáculos teatrales que reconstruían los años de oro del cine y la radio argentinos. Una época donde las fronteras entre el canto y la actuación eran, como en Soledad, ciertamente imprecisas.

-¿Cambia tu enfoque como cantante cuando no estás detrás de un personaje?
-Cambia mucho. Por algo le puse al primer disco Soledad Villamil canta. Porque era como decírmelo, incluso, a mi misma. Decidir si animarme, aceptar que podía subir a un escenario solamente a cantar, sin tener el contexto de una obra de teatro o un personaje, fue un proceso importante que me llevó unos años. Desde Glorias porteñas hasta el disco Canta. Sobre todo porque la dinámica del actor, así como te expone, también te protege. No sos vos: sos otro. Es una diferencia muy grande. Autorizarme a hacerlo fue muy trabajoso internamente, pero una vez que traspasé la barrera… ahora no me imagino no haciéndolo. Es una libertad enorme.

-¿Te costó correr el eje de atención del público hacia la música?
-No, porque tampoco me propuse hacer algo masivo para que vinieran mil personas a verme. Fue un caminito bastante de hormiga, de subirme a cantar en lugares relativamente pequeños. Y salir con lo que tengo ganas de hacer, sin contemplar si el repertorio era más o menos popular. De hecho, en el primer disco me preguntaban si no iba a poner alguna canción conocida masivamente. Sin embargo, yo le tenía una confianza ciega. Si en este espacio -que es mi espacio-, no hago lo que yo quiero, ¡estoy frita! En este ámbito no trabajaría condicionada de ninguna manera. Justamente, ahí, soy la dueña de la pelota.

-¿De dónde viene tu gusto por la milonga y el tango más criollo?
-Es una afinidad espiritual, intuitiva. Esa cosa pampeana y campera me emociona, entro en sintonía. Claro que valoro enormemente el trabajo de los autores, pero yo elijo por las canciones… que podrían ser anónimas. Me gusta pensar en esa dirección: las canciones necesitaban ser cantadas y me eligieron a mí; esas canciones necesitaban ser escritas y eligieron a alguien para que las escriba. Tiene menos que ver con lo artístico como propiedad privada, y más con acontecimientos que a uno, en parte, lo exceden. Todos somos personas iguales, con los mismos problemas, las mismas alegrías y tristezas. El tema es dónde te recortás y sos más apto. En mi caso, evidentemente tengo una estrella que tiene que ver con comunicar: emociones, ideas. Lo reconozco y me hago cargo. Pero si de ahí pasara a decir ‘porque yo hago posible que’… ahí ya la cagué.

-Si bien el contexto musical y los arreglos son acústicos, el enfoque es muy contemporáneo. ¿Cómo fue apareciendo?
-Tiene mucho que ver con la sociedad que conformamos con Jose Teixidó. Desde el comienzo generamos una sintonía entre mi manera de interpretar las canciones y cómo él se las imaginaba musicalmente. Y la sonoridad era algo que me importaba mucho. Quería que fuera contemporánea, pero que no se perdiera el espíritu original. Sin perder de vista la raíz, que estuviera atravesada por nuestra subjetividad, porque eso es importantísimo para que haya una versión. De lo contrario es una cosa arqueológica, y este era otro plan. Por eso el tipo de percusión o, cuando hacemos tangos, un acordeón en lugar de un bandoneón. Más que grandes gestos, son pequeños corrimientos en función del contenido, tanto musical como de la letra.

-La temática de Canta era más diversa. ¿Cómo apareció al amor como eje de este disco?
-Morir de amor se fue armando sobre lo que pasaba en las funciones. Empezamos a renovar el repertorio y aparecieron algunas canciones como el tango “Rencor” de Charlo y Amadori. Después apareció “La canción y el poema” y la copla española “Ojos verdes”. A partir de ahí, me fui metiendo en ese ambiente. Aunque muchas de las letras están escritas por varones, ese color tiene que ver con la mirada femenina en el amor. Esa mirada, en un contexto no específicamente femenino como puede ser el tango, me interesó. Hay una poesía de Idea Vilariño que dice “Dónde el sueño cumplido / y dónde el loco amor / que todos / o que algunos / siempre / tras la serena máscara / pedimos de rodillas”. Y me parece que es eso, sobre todo en estas épocas donde todos estamos actuando personajes sociales: seas viejo o seas joven, hay un lugar donde el amor te parte.

Fecha de publicacion: 9 de marzo de 2010
Fuente: http://eloficiodegraziano.blogspot.com


Por amor al arte
Protagoniza “El secreto de sus ojos”, flamante ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera, junto a Ricardo Darín, con la dirección de Juan José Campanella. Actúa alternadamente en teatro, televisión y cine y, como si fuera poco, hace dos años se lanzó como cantante.
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Soledad Villamil

Hay chicos que tienen muy en claro a qué les gustaría dedicarse cuando sean grandes. Hay chicos que no tienen la más mínima idea de lo que esperan para el futuro. Soledad Villamil perteneció al primer grupo. “Supe bastante rápido lo que quería hacer. Aunque he recorrido diversos caminos, el hilo conductor siempre fue el arte”, dice. Durante su niñez, tomó clases de canto. A los 15 años, se topó con el teatro y su vida dio un vuelco. Cuando terminó el secundario, se anotó en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. Luego tomo clase con, entre otros, Ricardo Bartís, quien en 1992 le dio la posibilidad de interpretar un papel protagónico en una obra de teatro. Se trató de la Ofelia de Hamlet, nada menos que en el Teatro San Martín. Villamil tenía apenas 20 años.

¿Recordás el momento en que Bartís te propuso interpretar a Ofelia?
Perfectamente. Yo trabajaba como asistente de Ricardo y, si bien sabía que él estaba desarrollando una adaptación de Hamlet, jamás imaginé que me convocaría para actuar. Fue una experiencia muy conmovedora porque pasé en forma muy rápida de la etapa de formación a la etapa profesional.

O sea, ese papel marcó el inicio de tu carrera.
Sin lugar a dudas. Representó un punto de partida. Aparte, como ese espectáculo concitaba el interés de directores y productores, después me llamaron para encarar otros proyectos en cine y en tele.

¿Tenías algún prejuicio acerca de la televisión?
Durante un tiempo, no quise participar en programas de TV porque la gente de teatro –por lo menos, quienes estudiaban conmigo– no consideraba que ese espacio fuera idóneo para los actores. La tele de principios de los ‘90 era muy distinta a la actual. Existían menos programas de ficción y todo era más acartonado. A mí me interesaba mucho el teatro experimental y no había lugar en la tele para eso.

¿Cómo encontraste tu espacio en el medio?
De a poco. A medida que aumentaba mi participación en distintos ciclos, me iba dando cuenta de que el trabajo estaba buenísimo y de que mis prejuicios con respecto a la tele eran eso, puros prejuicios. Creo que tiene que ver con la etapa en que estás empezando y tomás partido sobre algunas cuestiones; con el tiempo, entendés que no todo es tan blanco ni tan negro, que existen los matices.

¿Tuviste miedo de que te encasillaran en algún papel?
No. En realidad, me pasó en Hamlet. Encarnaba a Ofelia, una mujer que sufre muchísimo, y la versión de Bartís hacía hincapié en el padecimiento de los personajes. Eso signó una serie de trabajos en los que me convocaban para papeles que tenían que ver con situaciones de maltrato. En el programa Zona de riesgo y en la película Un muro de silencio, por ejemplo, interpreté a mujeres muy sufridas.

¿En qué momento te empezaron a ofrecer personajes de otro tipo?
Cuando me convocaron para unitarios como Vulnerables, Culpables o Locas de amor.

Te nominaron para el Martín Fierro como revelación por Zona de riesgo, tu primer trabajo en tele. ¿Cómo repercutió la nominación en vos?
No repercutió de una manera muy particular. Sólo recuerdo que ganó Fabián Polosecki. Los premios son positivos, pero se entregan en un momento y luego pierden parte de su efecto. A la larga, por supuesto, conforman tu recorrido y hablan de tu trayectoria.

¿La televisión te abrió puertas que el teatro o el cine no podían abrirte?
En comparación con el teatro y el cine, la televisión tiene un enorme nivel de llegada al público en Argentina. En Estados Unidos, por ejemplo, podés ser un actor de cine muy popular. Como aquí no se filma tanto, eso no pasa. Entonces, la posibilidad de que te convoquen para trabajar en teatro o en cine suele depender de tu desempeño en la tele.

Con respecto a la popularidad, ¿les explicás a tus hijas que quizá te reconozcan por la calle y te pidan autógrafos?
La verdad, no les hablo de eso. Ellas lo van a vivir del mismo modo que lo viva yo. Si le doy mucha importancia a firmar un autógrafo, ellas lo van a vivir de una manera; si entiendo que eso forma parte de mi trabajo y expresa el cariño de la gente, ellas lo vivirán de otro modo.

SITUACIONES NUEVAS
Luego de participar en Hamlet, Villamil recibió distintas propuestas para trabajar en cine. Películas como Vivir mata (de Bebe Kamín) o Un muro de silencio (de Lita Stantic) fueron el caldo de cultivo para que más tarde protagonizara La vida según Muriel (de Eduardo Milewicz), El sueño de los héroes (de Sergio Renán), El mismo amor, la misma lluvia (de Juan José Campanella), Un oso rojo (de Adrián Caetano) y No sos vos, soy yo (de Juan Taratuto).

Recientemente, Villamil protagonizó El secreto de sus ojos, dirigida por Campanella. La película se basa en la primera novela de Eduardo Sacheri y narra dos historias en paralelo –un caso policial y una historia de amor–.

¿Qué significaron tus primeras experiencias en cine?
Cuando empecé, todo me resultaba desconocido. Fui ganando confianza sobre lo que implica un set de rodaje y sobre su funcionamiento. La formación de los actores suele estar vinculada al teatro; entonces, el cine exige un entrenamiento que se adquiere con la práctica.

¿Sentís que ya adquiriste ese entrenamiento?
Aunque ahora tengo más experiencia que antes, se plantean todo el tiempo situaciones nuevas. Cada película, cada guión, cada director y cada personaje son nuevos. Hay una parte del trabajo del actor que implica empezar siempre desde cero. Podemos estar más o menos entrenados, pero, en general, todos los actores tenemos la sensación de que estamos empezando de cero cada vez que nos involucramos en un proyecto.

¿Te interesa más el teatro, la televisión o el cine?
A esta altura del partido, depende del proyecto. Un producto puede funcionar bien en la tele y mal en el teatro o muy mal en la tele y muy bien en el cine. No es que un medio sea mejor que otro. El hecho de que te sientas cómoda trabajando depende del director y de tus compañeros.

En El secreto de sus ojos, volvés a trabajar con Campanella y con Darín. ¿Eso te da más seguridad?
Trabajar con Juan José y con Ricardo, más que darme seguridad, me estimula y me divierte. Por otro lado, el personaje que interpreto esta vez es totalmente distinto al que encarné en El mismo amor, la misma lluvia.

¿Qué te atrajo del nuevo proyecto?
Me fascinó el guión. Además, me encanta la rigurosidad con la que trabaja Campanella.

¿Cuáles son los factores que tenés en cuenta a la hora de aceptar un papel en cine?
Hay muchas variables que entran en juego cuando analizo una propuesta. En realidad, no tengo una pauta fija o un parámetro en particular. Me llega el proyecto, leo el guión y evalúo si me gusta, si me convence y si siento que soy la indicada para interpretar el papel que me están proponiendo.

LA INDICADA
Por Juan José Campanella.

Conocí a Soledad en 1997, cuando vi el espectáculo Recuerdos son recuerdos en La Trastienda. Yo estaba armando El mismo amor, la misma lluvia y, como no venía al país desde hacía diez años, no conocía a muchas actrices jóvenes. Me hablaban de un montón, pero yo investigaba sus trabajos y ninguna terminaba de convencerme. Cuando vi a Soledad en escena, supe que era la indicada para interpretar a Laura en la película. Lo que me gustó y me sigue gustando de ella como actriz es que tiene mucho encanto y, al mismo tiempo, una fortaleza y una solidez extraordinarias. No es una mujer a la que puedas empujar con un dedo. También me parece importante que se haya concentrado en su carrera y no en posibles escándalos mediáticos.

Fecha de publicacion: marzo de 2010
Fuente: http://www.revistag7.com


Soledad Villamil, el desafío de la mirada

Aunque a Soledad Villamil, protagonista de El secreto de sus ojos, le hubiera gustado estar en Los Angeles en la entrega de la estatuilla del Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera, se alegra de haber recibido la noticia en la sala de la casa de su suegra en Buenos Aires y rodeada de su familia.

``La gente en Argentina lo vivió de una manera muy especial, como si fuera una victoria de la selección nacional de fútbol'', comenta la actriz sobre el segundo premio Oscar otorgado a un filme argentino después de La historia oficial en 1986.

``El cine argentino está pasando por un buen momento. El público se está acercando a las producciones nacionales, por las que anteriormente mantenía ciertos prejucios'', explica, añadiendo que El secreto de sus ojos rompió récords de taquilla en el país sudamericano.

El filme, que se estrena mañana en Miami en la ceremonia de premiaciones del XXVII Festival Internacional de Cine, en el Gusman del downtown, también le valió un premio Goya a Villamil como actriz revelación, una extraña categoría para una actriz como ella, de gran experiencia en cine, teatro y televisión.

``Me llenó de orgullo que desde otro país [España] repararan en mi trabajo'', dice sobre su interpretación de una abogada del Tribunal Supremo argentino.

``Desde que leí el guión vi un gran desafío, ése con el que soñamos los actores: poder pintar a una mujer en su juventud --llena de entusiasmo, pero también de miedo y prejuicio-- que llega a un mundo de hombres a desempeñar un puesto jerárquico con mucha teoría y poca práctica, y representarla casi 20 años después, en un punto casi opuesto, ejerciendo una autoridad que proviene de la experiencia'', explica Villamil sobre su rol, que también la cautivó por la historia de amor que vive con su colega Benjamín, interpretado por Ricardo Darín.

``Es una historia extremadamente romántica, porque es mucho más lo que se oculta que lo que se demuestra por los personajes. Como dice el título del filme, éstos tienen puesta su mirada en lo que no pueden decir con palabras'', acota Villamil, que considera fue un desafío para los actores captar la emoción que se trasluce en ``este amor, más poderoso aún porque nunca se consuma''.

Es precisamente la mezcla de misterio y elocuencia de sus ojos, sumada a una elegancia que la actriz manifiesta con una naturalidad que la convierte en su segunda piel, uno de los aspectos más destacados de su trabajo.

Según la actriz, el guión de El secreto de sus ojos, escrito por el director Juan José Campanella y el autor de la novela en que se basa el filme, Eduardo Sacheri, es ``un magistral mecanismo de relojería que articula varios géneros''.

Por una parte, se lleva a cabo una investigación policial para encontrar al culpable del asesinato de una bella mujer. Luego, el filme experimenta un giro hacia lo macabro, todo en el contexto de un país políticamente convulso bajo el mando de la viuda de Juan Domingo Perón, María Estela Martínez de Perón, más conocida como ``Isabelita''.

``En la misma película uno se siente arrinconado, ansioso y un rato más tarde larga una carcajada; ése es uno de los grandes secretos del filme'', añade la actriz, que había rodado antes con Campanella y Darín El mismo amor, la misma lluvia (1999), por el que recibió el premio Cóndor del cine argentino a la mejor actriz.

``Además de ser un actor extraordinario, Darín es un gran conversador. Tiene la particularidad de hacer fácil lo que es muy difícil y se lo contagia al entorno'', opina Villamil.

Nacida en Buenos Aires, Villamil comenzó a trabajar en el teatro a los 19 años y en el cine a los 20. Entre sus películas más conocidas se cuentan La vida según Muriel (1997), Un oso rojo (2002) y No sos vos, soy yo (2004).

``La música fue mi primera vocación; estudié varios instrumentos: el piano, la guitarra y la flauta traversa'', cuenta la actriz, que hace cuatro años decidió dedicarle un espacio en su desarrollo profesional a la música y ha grabado cinco discos, los dos últimos como solista.

``Hago un repertorio argentino, de tango y milonga'', explica Villamil, quien ha trabajado en musicales como Glorias porteñas.

Su disco más reciente, Morir de amor, lanzado en el 2009 con Sony Music, agrupa otros géneros, como el bolero.

Casada con el actor, director y dramaturgo Federico Olivera, la actriz busca mantener un balance entre su vida familiar y profesional. ``Soy una persona hogareña; me gusta cocinar y tejer, porque esos momentos de calma y recogimiento me ayudan a contrarrestar la vorágine de mi trabajo'', concluye

Fecha de publicacion: 12 de marzo de 2010
Fuente: http://www.elnuevoherald.com

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